Entre depresión y dolor crónico

lunes, 12 de agosto de 2013



Como bien lo dice el título, he estado pasando por una época oscura en mi vida, irónicamente en los momentos que deben ser los más felices de mi vida ya que son los primeros meses de mi hijo.

¿Y por qué digo esto? Pues porque desde hace unas semanas comencé por tener problemas con el lado derecho de mi cuerpo: comenzó con hormigueos en los dedos, leves calambrazos, pasando por inmovilidad de la mitad de mi mano y falta de sensación en esa misma área de todo el brazo, cuello y rostro, sin olvidar el intenso dolor en brazo, cuello y pierna todo a consecuencia de un daño neurológico en mi vertebra C6, cuya causa aún no identifican con certeza y que tengo que vivir con tratamiento toda la vida para no repetir las molestias.

Con lo difícil que ha sido vivir esto, había comenzado a tener una fuerte depresión por sentirme tan inútil en mi propio cuerpo y también por la prohibición de cargar al niño y de hacer cualquier esfuerzo físico.

Y a eso le debo sumar que como mi peque quería ser cargado apenas me veía y al no poder yo le pedía a Dora (su nana) que se encargara de él, mi hijo comenzó a ser muy agresivo conmigo y a llorar cuando le quería dar un beso o abrazo de buenas noches, lo que me sumió aún más en mi estado depresivo, aislándome de todo y todos.

Así que por recomendación de mi jefa Muriel, a quién le tengo un gran afecto, busqué a una psiquiatra. Después de ver mi situación actual y el historial de mis comportamientos anteriores, la doctora llegó al diagnostico de que sufro Trastorno Afectivo Bipolar (TAB) y que por tanto debía iniciar un tratamiento inmediatamente para llegar a estar estable.

Confieso que anteriormente había tenido actitudes que van de acorde con el diagnóstico, en especial en las hipomanías, razón por la cual siempre me etiquetaron como hiperactiva y algo loquita; y quizá por ahora ser madre y no tener esa 'puerta de escape' que siempre utilicé cuando me sentía agobiada, llegué a tan grave episodio depresivo y que también pasé por tanta ansiedad que comencé a comer en grandes cantidades alimentos chatarra como vía de escape.

Afortunadamente con la medicación y el conocimiento de cómo salir adelante, he logrado mejorar poco a poco y eso se está viendo reflejado en mi comportamiento y así también lo percibe mi hijo. Para mejorar aún más nuestro vínculo, nos hemos inscrito en un curso 'Mi mami y yo' de estimulación para bebés, esperando que nos sirva a ambos para fortalecernos no sólo físicamente sino emocionalmente.

Y también realizamos caminatas para ayudarme con el dolor en la pierna y a la vez comenzar a perder el peso ganado en tan poco tiempo por la ansiedad, actividades que por estar tan entregada al trabajo no realizaba con mi hijo diariamente, sino que al llegar a casa jugábamos en la ducha, le alimentaba y le dormía, aunque él lo disfrutaba mucho, siempre sentí que no era lo ideal para ambos.

Muchas veces la maternidad no es color rosa, y aunque adoro con todo mi ser a Andrés Matteo, su presencia ha sido un cambio tan grande en mi vida que ha movido mis cimientos, tanto para bien como en menor medida para mal, hago énfasis en que no por él como individuo, sino por el proceso de traerlo al mundo.

Pero a pesar de todo, nunca cambiaría un minuto mal a su lado por cientos de minutos bien a solas.




-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para mi hijo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

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