Durmiendo con mamá

sábado, 20 de septiembre de 2014 Se lee en

Siempre estrecha mi mano

Mucho se habla actualmente del Colecho, sus beneficios e inconvenientes y me parece que es un tema algo candente entre madres y especialistas.

Aunque se ve esta práctica como una tendencia, la verdad es que es tan antigua como la humanidad misma y que si es bien llevada con seguridad puede brindar muchos beneficios al desarrollo emocional del niño.

Personalmente no soy de seguir tendencias y no creo que la maternidad deba seguir parámetros estrictos aparte de dar todo nuestro amor a nuestros hijos y velar por su bienestar. Cada madre e hijo tienen una realidad única e incluso una misma madre puede enfrentar situaciones diferentes con cada uno de sus hijos.

En mi caso no pude amamantar a mi hijo pero si que lo llevaba siempre en brazos los primeros meses y hasta lo dormía en mi pecho cada noche, ya que me daba tranquilidad sentir su respiración y así seguía sus movimientos y era más presta al atenderle. No hacía esto por decir que practicaba colecho y era una madre pro-crianza con apego, sino mas bien porque esa era la manera en que me sentía cómoda sentimentalmente con mi hijo, aunque físicamente fuera un período agotador y además no contaba mucho con el apoyo de mi esposo quien tiene la mentalidad europea de que el niño debe ir en su cuna y su habitación desde el primer día, metodología que no compartía yo.

A medida que Andrés crecía, poco a poco él mismo iba buscando su espacio propio y lo colocaba entonces en su cuna en mi cuarto y yo podía tener más horas seguidas de sueño. Pero debo ser sincera y decir que llego un momento en que cedí a que mi esposo lo colocara en su propia habitación y entonces me despertaba varias veces en la madrugada solamente para poner mi mano sobre mi hijo y asegurarme de que respirara, quizá les parezca exagerado pero cuando a tu bebé le hacen una reanimación justo al nacer y además tuvo neumotórax durante su estancia en neonatología, cualquier medida para verificar su salud es mínima.

Ya agotada por el trajín entre una habitación y otra mientras mi esposo no se daba ni cuenta si yo me movía o el niño lloraba, decidí regresar su cuna a nuestra habitación pues era yo quien llevaba mayoritariamente la carga en esos momentos y debíamos estar cómodos tanto Andrés como yo.

Pero ya mi niño creció mucho y su cuna no era el lugar más cómodo para él, así que al mudarnos a Capira decidí vender la cuna y comprarle una cama twin. ¡Andrés la ha rechazado totalmente! Ni siquiera al unirla a la nuestra y formar una super cama la aceptaba, terminaba pasando a nuestro lado y encima se molestaba por la presencia del papá pues es muy celoso conmigo, aunque esto último sí que no lo consentimos.



Así que ahora Andrés Matteo está durmiendo con mamá y papá y a pesar de que es un dormidor en constante movimiento, estoy segura de que es feliz durmiendo conmigo y yo también lo soy ya que reforzamos nuestro lazo de amor. Y mientras calmo a mi esposo parafraseando al pediatra Carlos Gonzalez: Como nuestro niño está durmiendo ahora conmigo, pronto buscará su propio espacio con tranquilidad pues está obteniendo ahora todo el apego que es tan necesario en su corta edad.



-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para Andrés Matteo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

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