Disfrutando vivir en Capira

martes, 14 de octubre de 2014 Se lee en


Es sorprendente como suceden ciertas cosas en la vida y como todo encaja cual puzzle casi sin esfuerzo de tu parte.

Desde hace años que siento nostalgia de mi casa, esa donde me crié y de donde salí para vivir con Stephane. Aunque más que el edificio en sí, anhelaba el ambiente familiar, el despertar con los gallos, el sentir la hierba entre los dedos... En fin, todo aquello que en la ciudad no podía tener, al menos no en un apartamento alquilado al cual no pude llamar nunca mi hogar si ni podía poner un clavo donde yo quisiera y cuando lo quisiera.

Apenas supimos que íbamos a ser padres comenzamos a buscar una propiedad para comprar; pero la realidad era que en la ciudad todo estaba extremadamente costoso, haciendo imposible siquiera soñar tener algo propio. Y por cuestiones laborales, buscar una propiedad en el interior era impensable por cuestiones de tiempos y gastos de transporte.

Así que terminamos en un nuevo apartamento alquilado, justo al frente de nuestros trabajos, pero donde no teníamos libertad para decorar ni atención del propietario.

A pesar de la comodidad que implica vivir en la ciudad y tener todo cerca, muy seguidamente me sentía asfixiada y simplemente me iba de fin de semana con Andrés a Capira a la casa familiar; luego, al renunciar al trabajo y ser una mami 24/7, comenzamos a pasar más días en el interior.

Hasta que en una de esas visitas prolongadas mis abuelos nos dieron una excelente noticia, nos ofrecían la opción de vivir con ellos y formalmente comprarla 'a futuro' a un precio ínfimo. Stephane y yo aceptamos casi de inmediato y hasta les pedimos la oportunidad de mudarnos inmediatamente para ahorrarnos gran parte del alquiler y poder invertir en la compra.

Jugando en la lluvia
Jugando con triciclo
Así que por esto vivimos desde hace unos meses en Capira, y aunque reconozco que es difícil para Stephane acostumbrarse a viajar cada día al trabajo y que existen cosas que no podemos tener como en la ciudad, en general somos mucho más dichosos al vivir acá, sobre todo Andrés, quien aprovecha al máximo el amplio espacio con el que cuenta para sus mini aventuras.

Por ejemplo, esta tarde salí de 'exploración' con Andrés y Gianfranco por el terreno familiar y para ellos fue como ir de safari, es asombroso como los niños hacen de todo un momento mágico, hasta el más mínimo palito les generaba curiosidad y emoción.

Haciendo carreras de sillas


Me conforta saber que mi hijo tiene experiencias maravillosas cada día, ha desarrollado vínculos con todos nuestros familiares, más que todo con sus bisabuelos a quienes adora y sigue por todos lados, y comparte más con sus primos, en especial con Gianfranco, aunque en muchísimas ocasiones toca vigilarlos para evitar que se lastimen porque inventan de todo y también pelean con la misma facilidad con la que olvidan el motivo que empezó todo.

No hay nada como saber que Andrés Matteo crecerá en un ambiente propio, tranquilo, más seguro, y sobre todo, rodeado en gran parte de todos aquellos que lo amamos.

 Lo único que aún deseo es que Andrés pueda compartir más con sus abuelos y tías paternas así como con su primita Neva y que complementen su círculo familiar, así que nos toca engordar muy bien al piggy bank para poder visitarlos más seguido.




-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para Andrés Matteo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

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