'Y yo no haré...'

viernes, 16 de septiembre de 2016 Se lee en


Ando en modo recuerdos últimamente, quizá activados por aquello del cuarto cumpleblog que me hace pensar en mi vida 'antes de'. Y parte de esa vida que puedo fácilmente llamar 'época jurásica' por lo lejana que la siento, está aquello del 'y no haré...'

Hay tantísimas cosas que dije que no haría y las he hecho y hasta disfrutado algunas. Precisamente una de estas es la maternidad en sí. Jamás, jamás, jamás me llamaron la atención los niños, puede que uno que otro me enamorara con sus cachetones y ojitos pispiretos, pero nunca me vi como futura madre. Incluso un par de novios consideraron que no era 'apta' para una relación a futuro por este tema. Y creo que a Stef precisamente le atrajo de mí esto: no verme como mamá ni como una esposa tradicional.

Oh pero apenas tuve en mis manos el 'positivo' me enamoré de mi bichín. Y comencé a cambiar de pensamiento en muchas cosas, incluso el matrimonio jejeje. Recuerdo cuando ya tuve a mi mini cochon, que era la imagen viva de la paz y calma y daba mis paseos con él tan tranquilito en su coche y veía a madres con peques de 2 a 5 años, revoloteando y con los gritillos de ¡ven aquí, no hagas esoooo, hazme casoooooooooo! y yo horrorizada me decía: 'yo no haré jamás eso, seguro sabré criar bien a mi Andrés que para eso me leo Babycenter y todos los blogs habidos y por haber del tema'.

Craso error, la vida se ha encargado de restregarme cada una de mis palabras en mi cara, bien tenemos el dicho: "no escupas para arriba o te caerá la saliva".

Yo, que cuando salía de compras con mi madre y hermana y veía los shows que se montaba mi sobrino por no tener la golosina que se le antojaba, abrazaba a mi bebé y le prometía silenciosamente: 'mamá nunca nunca dejará que hagas esos shows, siempre estaré preparada para ello con algo para distraerte' y hace apenas un día que mi hijo no sólo gritó como si fuera parte del elenco de la matanza de Texas sino que corría por todo el mall entre lágrimas y mocos y todo por no tener un chicle del color que esperaba y no me sirvió tener mi bolso lleno de snacks o juguetitos y menos andar como gallina clueca correteándolo.

Y no hay nada tan irónico como verte llevada por tu peque a una situación límite a punto de jalarte los pocos pelos que te quedan luego de un aparente brote de psoriasis (por confirmar) y llega él haciendo gala de paz y contención y dice: “yaaaa mamáaaaaa,  aquí estoy contigo” dándome un beso amoroso en mi mano o brazo. Y en ese momento lo amo más que a nadie en esta vida y me recuerda que todo, incluso quedarse calva vale la pena por él.

Hace cuatro años, a estas horas, aún lloraba por no tener a mi hijo como yo quería, mi consuelo era que era por su salud nuestra separación, aún conservo la foto plastificada que de tantas lágrimas aguantadas se decoloró en una esquina. Y llorar por alguien más es una de las cosas que dije: 'y yo no haré' y la maternidad se encargó de enseñarme cuán equivocada se puede estar en lo que pretendemos y lo que en verdad haremos.

Mi fiel compañera durante los primeros días de mi maternidad, nótese lo corrido de la tinta en la base


Así que, si algún día mi nuera o mi nieta me pide por un consejo de maternidad: el primero que saldrá de mi boca será: NUNCA DIGAS NUNCA.



-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para Andrés Matteo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

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