Palabras que no he enseñado...

domingo, 15 de enero de 2017 Se lee en


Me había prometido no tocar hoy la macbook para dejarla descansar a la pobre, pero como siempre que escribo aquí, mi hijo me ha inspirado a sacarla de su reposo y no precisamente por una buena acción.

Ok, no es el fin del mundo lo que ha pasado, pero estoy segura que cada madre en cada rincón del planeta ha pasado por esto: escuchar una palabra grosera de mi hijo, no dicha a la ligera, sino para mí.

Este es el escenario: Hace tanta, tanta, tanta calor que ahora mismo trato de que estemos en nuestras habitaciones, que son los rincones más frescos de la casa. Yo en la habitación, mi hijo en la mini sala con sus juguetes.

El chico juega y viene a pedirme unas golosinas, y yo con mi maldad innata le hice una bromilla ('ya me las he comido todas') y le apreté su naricilla de puerquillo como le digo yo. Normalmente eso le gusta, pero esta vez evidentemente no al decirme con la cara más seria y dura que jamás le había visto:

"Maaaamaaaá, TÚ me has cabriado, por eso me iré a la casa de allá abajo con mis amigos"


Me dolió, y mucho, escucharlo, no creo que apretar su naricilla fuera motivo para palabra tan malsonante, misma que en esta casa está vetada desde que yo era tan pequeña como él.

Porque NO SE LA HE ENSEÑADO es que me sorprendió su uso, eso y que encima la conjugó casi que bien y de manera compuesta, que tampoco lo sabe hacer el chico.

Ni que decir que ir con sus amigos (primitos) fue cancelado, y mi reacción traté de hacerla relajada, aunque sí firmemente le pedí que me explicara lo que me dijo y no, no se atrevió y vi en sus ojos que él sabía que lo que dijo fue malo. Luego le pregunté que quién le había enseñado eso y tampoco me respondió, aunque ya tengo mis sospechas de donde sacó la frase.

El punto es qué, si bien decir groserías es casi que un experimento de los peques a esta edad, y que aunque restrinjamos su uso en casa, habrá de donde las escuché y está en nosotros los adultos enseñarle que estás palabras pueden herir.

Estos son unos truquitos que me están ayudando en este tema:
  • Reaccionar 'relajadamente' para que no sienta que con esas palabras sucias tiene poder ni de molestarme, de herirme y menos de divertirme.
  • Decirle que no deben decirse porque son feas y que hay otras que significan lo mismo y se pueden usar. Ejemplo: usar 'molestar' en vez de cabrear.
  • Explicarle que aunque otros nos las digan, no debemos repetirlas, al contrario hay que mostrar que somos más educados. En mi caso, mientras que le explicaba que no debió decirme eso, nunca usé la palabra, porque 'yo soy educada y no la repito, hijo'.
Sé que no será la última vez, pero confió en que poco a poco él forme su juicio y aprenda que se puede decir mucho y mostrar nuestras alegrías e inconformidades sin recurrir a palabras vulgares o sucias.



-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para Andrés Matteo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

Se ha comentado...

  1. Yo también he escuchado y escucho alguna palabra malsonante saliendo de la boca mi hijo. Y mientras antes, cuando era más pequeño, actuaba con los tres puntos que indicas (que me parecen muy sensatos y efectivos), ahora con 11 años, a veces ha soltado un "joder" que rápidamente ha sido increpado con un "Cómo?" y una mirada de madre muy intimidante. No ha hecho falta más para corregirle. Es mi método actual, y reconozco que funciona. Es raro oírle, pero cada dos o tres meses, cuando se emociona y está con amigos, es cuando más vulnerable ser vuelve.
    Un abrazo.


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    1. Ay si la mirada intimidante al parecer no le hace efecto, al mío más bien le preocupa que 'mis ojos estén enfermos' y comienza a soplarmelos para 'curarme', aunque reconozco que al final de todas maneras detiene el comportamiento que deseaba que parara. Gracias por pasar por nuestro rinconcito 😊.

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  2. Estoy seguro de que lo estás haciendo bien, Cyball. No tengo dudas de que eres una madre ejemplar, pero es que los niños son (hemos sido) así en algún momento :D ¡Ánimo!

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    1. Bueno, para serte sincera la irreverencia (el contestarme) en sí no lo veo mal, al contrario, lo veo como un sano signo de pensamiento propio y crítico, cuando sea el caso, y eso intento incentivar, pero nunca que lo haga con palabrotas...

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