¿Desahogándome o evitando ahogarme?

viernes, 12 de mayo de 2017 Se lee en


Recuerdo como si fuera ayer cuando me cruzaba con algunas madres con niños pequeños, ya fuera en el mall, el supermercado o cualquier otro lugar público, y veía como algunas prácticamente luchaban por controlar a sus hijos en medio de rabietas y pensaba cosas como 'si fuera hijo mío' o 'para estar así mejor no tengo hijos'.

Porque es muy fácil darse a la crítica y a juzgar a nuestro prójimo, casi que es inherente a la naturaleza humana, lo realmente difícil es vivirlo y aceptar amargamente lo injusta que ha sido tu manera de pensar y actuar con otros.

Yo, que criticaba abiertamente y a viva voz a quienes no podían controlar a sus hijos; yo, que hasta hice un no-compromiso con Stef sobre no casarnos ni tener hijos; yo, que me decía que siendo como soy (impetuosa, dada a frustrarme rápidamente, asocial) sería un atentado contra mi posible descendencia el reproducirme... Sí, yo... yo soy MADRE.

Cuando me enteré que estaba embarazada olvidé todo lo que criticaba y decía, simplemente me llené de dicha; al escuchar sus latidos por primera vez y ver ese porotito que crecía en mí lloré de la emoción y sólo podía imaginarme lo hermoso que sería mi bebé, las horas que pasaría acariciándole y mimándole, que casi que una vive entre nubes.

Uno de los primeros ecos

Pero entre esas nubes a veces hay tormentas. Una como madre sufre, al menos yo he sufrido, han sido muchos los retos que enfrento y que tendré que enfrentar en su crianza. Incluso hay días en que siento que no puedo más, que mi hijo estaría mejor con otro tipo de madre, pero siempre, siempre, mi hijo con su sonrisa me anima.

Una de mis mayores preocupaciones es la alimentación de Andrés, desde recién nacido ha sido así. Primero con su rechazo al pecho, luego que con las papillas, y así sucesivamente. Cada día es una lucha hacer que coma algo; aunque han existido períodos donde ha comido de todo y en cantidad, han sido más numerosos aquellos donde se niega fervientemente a cualquier alimento. 

Y a esa preocupación constante le sumo lo inquieto que es mi bicho; cada día lo correteo a lo menos unas 5 veces y me toca buscarlo en las casas ajenas, separarlo de algunos de sus primos quienes pelean con él a cada rato (casi siempre comienzan o con burla o aislándolo si no da sus juguetes y cómo aún no gestiona bien esto, termina todo con empujones y llanto), o indicándole y ayudando a recoger el jugueterío que deja en su recorrido, y aunque la mayor parte del tiempo hace caso, hay ocasiones donde en serio tira fuerte de mis límites.

¡¡Y sólo tiene 4 años (y medio)!! A veces sufro de imaginarme como será de adolescente y si podré educarlo para ser un hombre de bien.

Quizá exagero y lo que vivo es lo normal en la maternidad, pero de verdad hay momentos en que siento que me ahogo e, irónica pero mágicamente, mi salvavidas, mi fortaleza, es mi propio hijo.

Ojos pícaros que enamoran y sosiegan

Cuando estoy rabiosa y me mira con sus ojotes y carita de niño bueno y dice 'mamá, ya, tranquila' o cuando de la nada me dice 'tetemm maman (je t'aime maman)' llenándome de besos o cuando me ve algo nostálgica o triste y me da un beso y dice 'mama no estés triste, yo te quiero!' o cuando dormimos y me abraza fuerte y me besa o cuando me defiende de quién él considera que me lastima  y dice con autoridad '¡eyy, deja a MI mamáaaa!' aunque le superen en tamaño, e incluso cuando se me tira encima para jugar a la lucha libre.

Son esos momentos donde mis baterías se recargan y me digo: "al carajo todo, que importa lo duro que sienta la maternidad, lo importante es dar más allá de lo posible para sacar adelante a mi bichito y si me saca canas verdes pues las tiño, pero a él lo veré feliz y sano, y si se me va la vida en el intento, la daré dichosa por mi hijo"



-Cyball Brigitte

Mamá y bloguera desde 2012, compartiendo siempre ando, sean reflexiones, recomendaciones o mi experiencia. Siempre inspirada por y para Andrés Matteo, pues con su llegada a casa este blog nació. Anímate a saludarme en acebook 😉

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